Mi galería de Arte

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La lascivia de lo incorrecto

“La lascivia de lo incorrecto” es una obra que nace desde la contradicción más íntima del ser humano: el gusto por aquello que la sociedad etiqueta como prohibido. A través de figuras fragmentadas y colores vibrantes, la pintura nos enfrenta con una realidad incómoda: lo que juzgamos y señalamos con dureza, en el fondo también nos atrae, nos provoca y nos seduce.


Los 16 estados de la tristeza humana

“La lascivia de lo incorrecto” es una obra que nace desde la contradicción más íntima del ser humano: el gusto por aquello que la sociedad etiqueta como prohibido. A través de figuras fragmentadas y colores vibrantes, la pintura nos enfrenta con una realidad incómoda: lo que juzgamos y señalamos con dureza, en el fondo también nos atrae, nos provoca y nos seduce.


Origen

“Origen” es la primera chispa de una historia mayor. En esta obra, las figuras se levantan como columnas humanas que sostienen la memoria de la humanidad. Son rostros que se repiten, se entrelazan, se fragmentan, pero que miran en la misma dirección, como si compartieran un mismo pulso vital: el inicio de la sociedad. Aquí, el comienzo no es individual, sino colectivo.

Ángeles del destino

En Ángeles del destino, se despliega una constelación de miradas que parecen atravesar los límites de lo tangible. Son presencias que no pertenecen del todo al mundo terrenal, ni tampoco se alejan de él: acompañan, vigilan y guían, como guardianes silenciosos que custodian el trayecto de cada ser humano. La obra nos recuerda que nadie camina solo, que existen fuerzas sutiles sosteniendo cada paso hacia la realización.


Soledad incomprendida

Esta obra nos sumerge en una paradoja universal: la soledad en medio de la multitud. A primera vista, la figura solitaria sentada en un banco parece reposar en silencio, pero la escena está atravesada por una tensión invisible. La arquitectura rígida, los planos geométricos y los colores intensos evocan una ciudad que no se detiene, un entorno que late con ruido y movimiento, mientras el ser humano queda reducido a un instante de introspección.


Fragmento rescatado del tiempo

En esta obra, una escena silenciosa se abre ante el espectador como un fragmento rescatado del tiempo. La luz que entra desde la ventana parece detener el movimiento, revelando un mundo íntimo donde cada objeto respira una historia propia. El gesto pictórico es sereno, preciso, fiel a una tradición clásica que honra lo cotidiano. No hay artificios: solamente una mesa, un cesto de cebollas, un paño, un cuchillo y una vasija de barro. Pero en esa aparente simplicidad se condensa una atmósfera de introspección profunda.